“Cuando alguien mantiene la Presencia Amorosa con otro, tiene un efecto poderoso. Posiblemente incluso sin darse cuenta, el otro se siente más seguro, cuidado e incluso comprendido. Cuando esto sucede en una relación terapéutica, la curación ya ha comenzado.”

Ron Kurtz, psicólogo que combinó las modalidades de tratamiento oriental (conexión mente-cuerpo y atención plena) y occidental (psicoterapia) para crear la terapia Hakomi, una forma de psicoterapia somática centrada en la atención plena desarrollada en la década de 1970.

“La Presencia Amorosa es una manera de estar. Es agradable, buena para tu salud, recompensante en y por sí misma. Es un estado en el que te sientes con el corazón abierto y bienintencionado. En su forma más pura, es espiritualmente nutritiva y sensible a las sutilezas. Es el mejor estado para situarte cuando estas ofreciendo apoyo emocional. Una vida emocional sana requiere un lugar seguro para expresar sentimientos y alguien amoroso para ser testigo. Requiere la liberación de viejas heridas y una apertura a nuevos caminos de felicidad. Presencia Amorosa es apoyo emocional y es una parte importante en la relación con los otros. Puede ser un gran cambio en nuestras vidas. En Psicoterapia es esencial.”
Ron Kurtz (2009)

Como Mario C. Salvador explica en su libro “Más allá del Yo” (Ed. Eleftheria 2016): “En el vínculo con nuestro cuidador primario conformamos nuestro sentido del yo, nuestra adaptación de la personalidad. Y en la historia y trayectoria de nuestros vínculos formamos las huellas de quienes creemos ser. En adelante, reactivaremos estas huellas en los vínculos afectivos importantes en nuestras vidas. En la relación terapéutica se despertarán los programas grabados que contienen nuestra experiencia con los vínculos significativos, por ello la relación terapéutica ha de contener la dosis curativa de aquello que en otras relaciones fue dañino.

En la relación terapéutica se ha de proveer la oportunidad de ‘despertar’ de nuevo el sistema de involucración social de la persona. La presencia del terapeuta ofrece la experiencia de alguien que está para el otro y se interesa genuinamente por él. Según expone Stephen Porges en su teoría polivagal (2001) y otras investigaciones sobre nuestro sistema nervioso, creamos relaciones para sentirnos seguros, mantener nuestra salud y nuestro sistema interno regulado. Es por esto que  nuestra necesidad relacional es tan importante y está siempre presente. En la relación terapéutica creamos una relación de seguridad que crea un contexto sanador y apoya al paciente en la re-formulación y auto-curación de su mundo interno. Nuestro cerebro está preparado para auto-organizarse y curarse cuando se siente en un ambiente seguro y cuidado, y más aún, cuando está ante la presencia amorosa y atenta de otra persona. Como muchos estudios confirman, el ingrediente más importante en una terapia efectiva es la capacidad empática del terapeuta.

Mario Salvador añade en su libro que: “La potencia del terapeuta está definida no sólo por sus conocimientos del mundo de la experiencia y de la psique, sino esencialmente por su capacidad de estar presente, de saber estar y sostener las emociones difíciles del paciente, y ayudarle a él a sostenerlas, acogerlas e invitar a la escucha de la información y la historia que cuentan. La Presencia Terapéutica (Geller & Greenberg, 2012), se define como el mantener nuestro ser completo en el encuentro con el paciente, estando completamente en el momento a todos los niveles: físico, emocional, cognitivo y espiritual. La presencia implica:

  1. Estar completamente en contacto con uno mismo en el momento
  2. A la vez permanecer abierto, receptivo e inmersos en lo que está emergiendo en el momento
  3. Mantener un estado de consciencia expandida, arraigada y espaciosa; abiertos a la percepción
  4. Poner la intención de estar con y para el paciente, al servicio de su proceso de sanación

Cuando nos vaciamos de nuestros propios asuntos, de conceptos, de juicios, y necesidades, creamos un espacio interno limpio que puede ser llenado e impactado por la experiencia del otro, y sostener y apoyar su curación. El terapeuta ha de ayudar al otro a sostener su experiencia, y la mejor forma de hacerlo es mantener su propio estado de presencia.

Daniel Siegel (2007) acuñó el término Mindsight para describir la presencia en psicoterapia: “La capacidad que comporta la habilidad intrapersonal e interpersonal de ver nuestro mundo interno y el de otros y orientarlo hacia la curación. Es más que un estado de consciencia interna –insight- y más que la consciencia del estado del otro –empatía-. Es una habilidad complementaria que se incrementa por la habilidad del mindfulness (atención plena), que permite a la persona enfocarse profundamente en el mundo interno de uno mismo y del otro, y orientarlo hacia la salud y la curación.”

La curación profunda y la buena terapia consisten en ayudar al paciente a situar su centro de identidad en un lugar de sí mismo que puede ser un estable proveedor de auto-apoyo, compresión y bienestar. El sentido del sí mismo ya no dependerá más de cómo otros nos traten, sino que estará basado en un sólido sentido interno de valía.”

 

Texto extraído del artículo con permiso del autor: “La presencia amorosa y la burbuja curativa en el neuroprocesamiento” incluido en el libro “Más Allá del Yo. Encontrar nuestra esencia en la curación del trauma” Mario C. Salvador (Ed. Eleftheria, 2016)