“Cuanto más intenta nuestra mente dejar fuera de su vista su sufrimiento, más nos mantiene nuestra psique y nuestro cuerpo atrapados en el pasado, a través de sensaciones corporales, emociones, sentimientos… que nos desbordan y que se expresan activando estados de desestabilización, desesperanza o bloqueo. Solo fomentando el autoconocimiento y desarrollando una sensación interior de seguridad, podremos experimentar por completo la riqueza de la vida.”
Steven Porges, es neurocientífico y profesor en el departamento de psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU). Es el creador de la Teoría Polivagal, que explica como el sistema nervioso autónomo (SNA) interviene en la regulación de las vísceras, la interacción social, el apego y las emociones.

Cualquier persona puede solicitar ayuda o apoyo profesional ante una etapa de mayor dificultad o para afrontar problemas recurrentes que se repiten o son endémicos en su vida.

Estamos habituados a cuidar de nuestra salud física, y antes o después lo estaremos también de cuidar de nuestra salud emocional, mental… de nuestro bienestar interno.

Cuando hablamos de “transformar” no nos referimos a convertir a una persona en algo que no es. Nos referimos a apoyar el proceso de esa persona para que pueda encontrar más auto-conocimiento, integración y autenticidad en su personalidad y en su vida. Hacer un proceso de crecimiento personal profundo nos lleva inevitablemente a ser más conscientes, más libres y amorosos, comprensivos y compresibles con un@ mism@ y con los demás.

Un proceso de crecimiento personal bien hecho es transformador porque implica compresiones profundas de nuestras vivencias que añaden algo nuevo, como una nueva dimensión a nuestra vida. Para ello es necesario un compromiso real con un@ mism@ y con el proceso, que implica sesiones regulares durante el periodo de tiempo que sea necesario. El proceso ha de tener siempre la intención de beneficiar a la persona que recibe la terapia, con el objetivo de que quien recibe el acompañamiento pueda incorporar las vivencias y comprensiones que surgen a través de sus reflexiones y las intervenciones a lo largo del proceso.

El counselor humanista integrativo no da consejos ni dirige las vidas de sus clientes. Apoya, acompaña y pone su atención en aquellos asuntos o emociones bloqueados que están interfiriendo en la autonomía y plenitud del paciente o cliente. Este enfoque implica el establecimiento de un vínculo de mucha calidad que permite un trabajo en profundidad, trabajo que se basa y sostiene en el Amor que fluye en ambos sentidos. Este Amor permite al cliente sentirse lo suficientemente seguro para enfrentarse a sus peores miedos. El Amor en este tipo de relación de acompañamiento es real, incondicional, y puede llegar a elaborar e integrar carencias afectivas de la infancia o traumas.

Para que un proceso de este tipo funcione, hemos de anhelar realizar cambios y estar abiertos a confiar en que este apoyo profesional puede ser de ayuda en ese transitar. Hemos de ser valientes para afrontar la toma de conciencia (que no siempre es agradable) que significa hacer un proceso profundo de transformación personal y mirar al fondo de nuestra mente para comprender qué es lo que ha de soltarse, y abrirse a la incertidumbre que presenta lo nuevo. Hay que tener una decisión firme sobre la transformación de algún aspecto nuestro para perseverar y llegar hasta la compresión profunda que nos permite la integración final.

 

El final del proceso es fácilmente detectable, nos deja una profunda sensación de Liberación y Paz, como si la última pieza del puzzle se hubiera colocado en su lugar, algo se coloca en nuestro interior creando un todo y una comprensión. Se produce una sensación de bienestar corporal, emocional, mental y espiritual que emite unas olas internas de suaves y profundas que nos acompañan como un mar de fondo durante mucho tiempo.

Gracias a los procesos de transformación personal he podido aprender y experimentar que un sueño verdadero es siempre mucho más grande que el objeto a través del que pretendíamos realizarlo, y que siempre estamos a tiempo de ser la persona que potencialmente estamos destinad@s a ser.